Mientras una sonrisa se dibuja en su rostro cuando se imagina su graduación de secundaria a finales de este año, Luzby menciona que su mayor ilusión es convertirse en una enfermera.

A sus 17 años no queda ni la sombra de aquella niña que llegó hace 12 años a Servicio Panamericano de Salud, severamente desnutrida, sin cabello y con su piel muy dañada.

Su abuelita fue quien la ingresó, pues su madre tenía que hacerse cargo de sus otros hijos. La pequeña vivía con su madre y su padrastro, quien sentía menosprecio hacia ella, por no ser Luzby su hija biológica. El maltrato físico y psicológico, sumado a la pobreza llevó a la abuela a tomar la decisión de buscarle una vida mejor a su nieta, por lo que la trajo a nuestra institución para que ella recibiese no solo el tratamiento médico que necesitaba, sino también amor y educación. Lea el resto del contenido »